Catarsis y terapia moral II: Un relato Aristotélico

 Sección de Ética Médica, Facultad de Medicina, Universidad de Oslo. Casilla de Correo 1130, Blindern, NO-0318, Oslo, Noruega.

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Medicine, Health Care and Philosophy (2006) 9:141-153

 

Resumen:
Este artículo intenta analizar la concepción poética de la
Catarsis, emociones, error, falibilidad, temor, culpa,
 

catarsis que presenta Aristóteles, para evaluar en qué medida puede ser útil para esclarecer los desafíos didácticos específicos que aparecen cuando se forma a los estudiantes de medicina en el manejo moral de las situaciones complejas o trágicas de la toma de decisiones en ese ámbito. Otro objetivo perseguido en este trabajo es demostrar que el criterio aristotélico de distinción entre historia y tragedia puede ser empleado para transformar historias verdaderas de enfermedad en historias trágicas de enfermedad. Asimismo, se probará el potencial didáctico de las historias trágicas de enfermedad. El objetivo último es averiguar si las posibilidades de desarrollar una concepción terapéutica de la ética médica, que fueron abordadas en un primer artículo sobre catarsis y terapia moral en Platón, pueden fortalecerse a través de la hermenéutica de la concepción aristotélica de la catarsis trágica. Palabras clave:

hamartia, terapia, tragedia Introducción
 
 

Este artículo intenta indagar acerca del tratamiento controvertido de la noción de tomar una decisión o evitar que esta no se contamine con alguna forma de error (Lo que aquí sostengo es que los profesores de ética médica concentran su atención mayormente en cuestiones
La literatura secundaria no logra llegar a un acuerdo considerable respecto del significado exacto que Aristóteles atribuye a la “catarsis” en su definición. Muy por el contrario, se ha sugerido un abanico amplio de interpretaciones aparentemente dispares, a las cuales me referiré en breve. Sin embargo, el concepto en sí mismo pertenece, como ya lo [3]

catarsis trágica que lleva a cabo Aristóteles en la Poética. Existen tres razones para limitar el análisis a esta obra. En primer lugar, hay motivos para creer que la concepción aristotélica de la catarsis poética representa “alguna forma de respuesta a Platón” (Nussbaum, 1992, p. 281). En segundo lugar, al momento de definir la tragedia en la Poética, Aristóteles establece una conexión controvertida entre catarsis y la piedad (eleos) y el temor (phobos)1. En tercer lugar, considero que una indagación del potencial emocional de la concepción poética de Aristóteles de la catarsis puede conducirnos a un diagnóstico más preciso de los desafíos didácticos específicos que aparecen cuando se forma a los estudiantes de medicina en el manejo moral de las situaciones complejas o trágicas de la toma de decisiones en ese ámbito. Se trata de casos donde nos vemos forzados a tomar decisiones que conllevan consecuencias potencialmente desastrosas para una o varias de las partes involucradas. Al mismo tiempo, en una situación de este tipo, debemos enfrentar el hecho de que es imposible abstenerse de [2] hamartia) o de culpa2. instrumentales, es decir, en clarificaciones y purificaciones conceptuales, análisis de caso metodológicos y estrategias, y teorías racionales para la resolución de dilemas morales, descuidando así el rol catártico que la piedad, el temor y otras emociones dolorosas (como la ira y la vergüenza) puedan asumir en el proceso del discurso y aprendizaje moral. De esta manera espero también mostrar que las posibilidades de desarrollar una concepción terapéutica de la ética médica (lo cual fue ya demostrado en un artículo anterior sobre la concepción platónica del tratamiento catártico y el régimen moral) pueden resultar fortalecidas a través de la hermenéutica de la concepción aristotélica de la catarsis trágica. El relato poético de Aristóteles sobre el tratamiento catártico En este apartado se demostrará que Nussbaum está en lo cierto cuando argumenta que la concepción aristotélica de la catarsis poética representa una respuesta a Platón, fundamentalmente a la perspectiva purista de la De acuerdo a J. Hardy (Hardy, 1932, p. 16) el fragmento más famoso de la literatura griega aparece la Una tragedia es, pues, la imitación de una acción elevada y completa, de cierta amplitud, realizada por medio de un lenguaje enriquecido con todos los recursos ornamentales, cada uno usado separadamente en las distintas partes de la obra; imitación que se efectúa con personajes que obran, y no narrativamente, y que, con el recurso a la piedad y el terror, logra la expurgación de tales pasiones. Llamomencionáramos en el primer artículo sobre el tema, a una familia de palabras (

Podemos distinguir, en la literatura secundaria, al menos seis grupos diferentes de interpretaciones:

 interpretaciones

 la catarsis concebida como

 interpretaciones

 la catarsis concebida como una experiencia de

 interpretaciones

 interpretaciones complejas u “holísticas”.

Mi análisis no pretende resolver semejante disputa, determinando cuál de todas las interpretaciones de la catarsis es la que más se adecua a la definición aristotélica de tragedia. Mi objetivo es un tanto diferente y más modesto: quiero indagar acerca del potencial didáctico de cada interpretación para echar luz sobre el proceso del discurso y aprendizaje médico-moral. En otras palabras, lo que espero demostrar es cómo las diferentes interpretaciones del concepto de catarsis trágica pueden utilizarse para descubrir y confirmar la variedad de formas de catarsis que el filósofo sostiene en el Fedón y en la República. Sin embargo, al limitar el alcance de su análisis a los dos diálogos platónicos de carácter más idealista, la autora no logra reconocer que la concepción de tratamiento catártico que se sugiere en el Cármides y en el Sofista es totalmente compatible con la concepción aristotélica de la catarsis trágica tal y como es presentada en la Poética. Poética, donde en pocas palabras se caracteriza dramáticamente a la catarsis como interrelacionada con las emociones dolorosas de la piedad (eleos) y el temor o el terror (phobos). El fragmento que a través de los siglos generó tal “diluvio de obras” (en alemán: „„Flut von Schriften‟‟, Gudemann, 1934, p. 167), es el siguiente3: lenguaje agradable al que comporta ritmo, armonía y música. Y por usada separadamente en las distintas partes de la obra entiendo el hecho de que unas partes se llevan a cabo solamente por medio del verso y otras en cambio por medio de la música. catharos, catharsis, catharmos) utilizadas en una variedad de contextos (Nussbaum, 1992, p. 280–281): “cotidianos, educativos, médicos, religiosos, literarios”. Nussbaum sostiene que no existe nada que indique que el término “catarsis” alguna vez se haya apartado de su familia original y haya adquirido un significado diferente. Por el contrario, parece haber prevalecido a lo largo del tiempo el significado común del término – “limpieza” o “despeje”. Así, el desacuerdo que existe sobre la „catarsis‟ en la definición aristotélica de tragedia no está relacionado con el sentido formal del término, sino con la pregunta acerca de qué tipo de “limpieza” o “despeje” concretamente tenía en mente Aristóteles. médicas, donde la catarsis es un proceso natural de descarga o liberación de emociones, clarificación emocional e intelectual, morales, incluyendo las que ven a la catarsis como educación de las emociones, alivio emocional, estéticas o de naturaleza dramática o estructural, y finalmente, clarificación y limpieza que están involucradas en el proceso del discurso y aprendizaje médico-moral. Al mismo tiempo, con este análisis espero mostrar por qué las historias trágicas de enfermedad son los maestros más importantes y la fuente más destacada de sabiduría ética en el campo de la medicina. Interpretaciones médicas de la catarsis trágica

 
 

J. Bernays, tío político de Sigmund Freud, propuso una de las interpretaciones de la catarsis trágica que más se asienta en un pensamiento médico y que aun es objeto de un vigoroso debate. En un importante ensayo publicado en 1857, Bernays argumenta que cuando el espectador presencia una obra trágica, puede obtener efectos terapéuticos directos, en el sentido de que puede ver aliviada y eliminada la acumulación de emociones no deseadas de piedad y terror. Para sostener este “punto de pista patológico” (en alemán, „atologischer Gesichtspunkt‟) Bernays se apoya en la
158)
Así,

El principal problema de la interpretación psicopatológica de Bernays es que concibe al antiguo teatro griego como un teatro

…a única razón para pensar que la catarsis es una cura para una afección patológica es que el principal ejemplo que ofrece Aristóteles es la cura para el éxtasis religioso. Pero aun si aceptáramos que el éxtasis religioso puede ser una enfermedad patológica, la idea de que la catarsis sirve para curar este tipo de estados solo puede sostenerse si se ignora una afirmación importante que realiza Aristóteles en el texto citado. Luego de comenzar su discusión sobre la catarsis dando el ejemplo de aquellas personas particularmente susceptibles a la exaltación religiosa, Aristóteles afirma que lo mismo puede aplicarse a cualquier persona en la que pueda influir la piedad y el temor, y, más generalmente, a cualquier persona en la que los acontecimientos ejercen una influencia emocional. Y por si quedara alguna duda de que la intención de Aristóteles es incluirnos a todos bajo esa categoría, a continuación afirma que “una cierta catarsis e iluminación placentera nos sucede

Asimismo, esta interpretación

H. Flashar (Flashar, 1956, pp. 12–48) propone una interpretación alternativa del párrafo que trata la catarsis en la

La consecuencia de esta perspectiva alternativa es una comprensión de la

Política VIII 7.1342a4-16 (Bernays, 1857/1979, p. [4] 4. En este fragmento, que se cita en la nota 4, Aristóteles explica el significado y el rol de la catarsis en relación a la piedad y al terror comparándola con el proceso psicológico de curación que consiste en el uso de música catártica como dispositivo terapéutico y al que son sometidas las personas afectadas por estallidos histéricos de emoción (enthousiasmos). Bernays afirma que esta comparación significa que Aristóteles concebía la tragedia catártica como dispositivo terapéutico para el tratamiento de emociones patológicas. catarsis se transforma en un tipo especial de iatreia (razón por la cual este término [que significa „urar‟ se usa antes que catarsis): el éxtasis deviene calma a través de canciones orgiásticas al mismo tiempo que la enfermedad deviene salud a través del tratamiento médico. Pero no se trata de cualquier tratamiento, sino del que aplica medios catárticos de eliminación de la enfermedad. Así se explica el aspecto desconcertante de la patología moral: podemos comprenderlo en la medida que lo comparemos con una reacción patológica del cuerpocatarsis es un término que se transfiere de la esfera física a la emocional, y que se utiliza para tratar a una persona que, más que alterar o subyugar al elemento opresivo, busca despertarlo y extirparlo, logrando así algún tipo de alivio (Bernays, 1857/1979, p. 159–160). médico: un foro donde pueden acudir los espectadores emocionalmente desequilibrados y donde se despiertan y luego se eliminan sus emociones de piedad y terror, acumuladas y no deseadas. Así, la catarsis trágica aparece como reservada a los lunáticos emocionales, y no a los espectadores con una psychê saludable. Como observa Lear: a todos" (Lear 1992, p. 316–317). psicopatológica tampoco coincide con la afirmación que hace Aristóteles un poco más adelante en la Política, donde el teatro se presenta como un foro para todos, para los libres y educados y también para los artesanos y obreros (Política VIII 7.1341a17-21)5. [5] Política VIII 7.1342a4-16 y, en consecuencia, de la definición aristotélica de la tragedia en la Poética 1349b25-30. Esta interpretación parece explicar las referencias médicas sin transformar la catarsis trágica en un dispositivo terapéutico reservado a las personas mentalmente desequilibradas. Flashar desentraña el fundamento médico de la noción aristotélica de la piedad y el terror que operan en ambos párrafos. El autor descubre que en la concepción pre-aristotélica más frecuente acerca del efecto de la poesía (particularmente la que aparece en Gorgias y Platón), la piedad y el terror siempre se asocian a un conjunto de síntomas somáticos: el terror (phobos) con los escalofríos, temblores, temblequeo del corazón y erizamiento del cabello; la piedad (êleos), con los sollozos y las lágrimas. Asimismo, observa que la forma de representar estas emociones y sus síntomas relacionados evoca los relatos y explicaciones causales presentes en los diferentes tratados del corpus hipocrático, donde se explica al terror y sus síntomas como la consecuencia de una cantidad excesiva de frío, y a la piedad y sus manifestaciones somáticas, como efectos de una cantidad excesiva de humedad. Finalmente, Flashar demuestra convincentemente que, tanto en su descripción de la piedad y el terror como en su teoría general de las emociones, Aristóteles se apoya en las mismas categorías médicas, causas y explicaciones que sus predecesores. catarsis no totalmente diferente de la de Bernays: lo que nos revela el enfoque de Flashar es que en el centro de la teoría general de las emociones de Aristóteles aparecen una cantidad de concepciones y formas explicativas de tipo médico. Así, la catarsis trágica aun tiene el significado de “limpieza”, pero ya no en el sentido de “patología emocional“, como sostenía Bernays (Bernays, 1857/1979, p. 159), sino en un sentido psicosomático basado en la teoría aristotélica general de las emociones, es decir, como el proceso normal de descarga emocional. Como observa Lear, esta interpretación también se sostiene en el hecho de que el uso más frecuente que da Aristóteles a la “catarsis” es en relación a las formas de descarga o secreción características de los cuerpos que funcionan normalmente: la secreción menstrual, la seminal y la descarga de orina (Lear, 1992, p. 315)6. La catarsis como clarificación emocional e intelectual
 
 

Uno de los primeros académicos que sugirió que la catarsis trágica significa clarificación emocional e intelectual fue L.A. Post. Su traducción del párrafo sobre la catarsis es la siguiente: “La tragedia produce su efecto clarificador cuando hace que la mente cargue con escenas de profunda pena y terror, liberándola así de la preocupación por las emociones similares que se sufren en carne propia” (Post, 1951, p. 267). El representante más visible de la interpretación cognitiva, L. Golden, sostiene que esta es la lectura que mejor se adecua a la línea argumentativa de la
…desde el Capítulo 1 de la
Considero que vale la pena tener en cuenta una observación en relación a la interpretación de Golden, cualquiera sea la opinión que tengamos sobre la catarsis como clarificación intelectual. Se trata de lo que Keesey llama la “naturaleza cambiante” y la “ambigüedad fructífera” de la palabra: “no se queda quieta”, en el sentido de que pareciera ser operativa en diversos niveles y en relación a instancias diferentes (Keesey 1979, p. 201-202). Volveré a tratar esta observación en la última parte de esta sección.

Poética: [6] Poética (47a13-16) sabemos que la poesía es una forma de mimesis [es decir, imitación]; desde el Capítulo 4 (48b4-19) observamos…que el placer esencial y el objetivo de la mimesis es una experiencia de aprendizaje; en el Capítulo 9 (51b5-10) se confirma y clarifica este punto, cuando se nos dice que la poesía es más filosófica y más importante que la historia porque su objetivo es la expresión de universales más que de particulares…en el Capítulo 14 (53b10-14) se nos dice que el placer específico de la tragedia se deriva de “la piedad y el temor a través de la mimesis”, por lo que llegamos a la conclusión de que el objetivo de la tragedia debe ser generar una experiencia de aprendizaje intelectualmente placentera y que se ocupe del fenómeno de la piedad y el temor en la existencia humana. Ya que la catarsis y sus formas relacionadas son utilizadas por Platón, Epicuro, Filodemo y otros escritores en el sentido de clarificación intelectual, existen motivos suficientes para darle al término en el Capítulo 6 (49b28) el significado intelectual que lo hace parte integral de la trama general de la Poética (Golden, 1973a, p. 45)7. Interpretaciones educativas y morales de la “catarsis trágica”
 
 

Este tipo de interpretaciones han jugado un papel central en el debate sobre la definición aristotélica de la tragedia desde la era del neoclasicismo. Una variante influyente aunque un tanto simplista de esta interpretación, prolijamente parafraseada por Halliwell, insiste en la existencia de vínculos
… través del ejemplo –o del contraejemplo- la tragedia enseña a la audiencia a reprimir sus propias emociones y las faltas que estas puedan generar. A través de la catarsis aprendemos a escapar de aquellas pasiones que podrían conducir al sufrimiento y a la tragedia (Halliwell, 1986/2000, p. 350–351).
Bernays hace referencia a una versión más elaborada y refinada que tiene su origen en G.E. Lessing. En su
Ya que, para decirlo en forma sucinta, esta purificación solo consiste en la metamorfosis de las pasiones en virtudes, y ya que para nuestro filósofo cada virtud se ubica en medio de dos extremos, de aquí se deduce que si la tragedia cambia nuestra [7]

piedad en virtud, entonces debe ser capaz de purificarnos en los dos extremos de la piedad; y lo mismo es cierto para el caso del temor (Lessing, 1767–8/1978, p. 380).

Sin rodeos, Bernay comenta que esta interpretación transforma a la tragedia en “un correccional moral con un remedio preparado para cada muestra ilegítima de piedad y de temor” (Bernays 857/1979, p. 155)

Para cualquier lector de la

Los representantes de la interpretación moral de la catarsis trágica coinciden en que Aristóteles concebía a la tragedia como un medio particularmente adecuado para la educación de las emociones y la formación del carácter. Esto, porque la tragedia constituye una forma de aprender a distinguir y a desarrollar la respuesta emocional correcta sin necesidad de someternos nosotros mismos, en la vida real, a las situaciones dramáticas que se representan en la obra. ¿Cómo deberíamos concebir, entonces, la función y el rol de la catarsis trágica en el proceso de formación del carácter? La siguiente es una explicación de cómo funciona la catarsis trágica (Janko, 1987, p. xx):

Por medio de la representación de situaciones desoladoras, aterradoras y dolorosas, la tragedia genera piedad, terror y otras emociones dolorosas en la audiencia, para cada uno en la medida de su capacidad emocional, y así estimula estas emociones para aliviarlas a través de un ejercicio moderado e inocuo. De esta forma la tragedia acerca a la audiencia al punto medio de sus respuestas emocionales, acercando así también el carácter de cada uno a la virtud; y con este alivio sobreviene el placer.

Esta interpretación representa una versión importante de la visión que sostiene que la catarsis trágica es un medio para la educación moral a través de la educación de las emociones. Como observa Lear, la fortaleza de esta y de otras interpretaciones de la misma línea (House, 1956; Nussbaum, 1986 y Halliwell, 1986/2000) se debe, en parte, a su prolija compatibilidad con la teoría aristotélica de las emociones, y en parte a su capacidad para dar cuenta del “placer característico que obtenemos de la representación de una tragedia” (Lear, 1992, p. 318–319). [8]

directos entre la catarsis trágica y la enseñanza ética: Hamburgische Dramaturgie, Lessing afirma que lo que significa para Aristóteles la catarsis trágica es simplemente una “metamorfosis” de emociones fuertes en virtudes: 8. Por su parte, Halliwell observa que la interpretación de Lessing está “cerca de la verdad”, ya que se basa en el reconocimiento del papel que tienen las emociones en la teoría moral de Aristóteles (Halliwell, 1986/2000, p. 313). Ética a Nicómaco es evidente que su autor atribuye a las emociones un papel importante en la educación moral y en la formación del carácter. Por ejemplo, en la Ética a Nicómaco III.7, Aristóteles sostiene que el hombre puede aprender a tomar decisiones correctas y a ser bueno si logra desarrollar la habilidad o disposición para enfrentar situaciones con la respuesta emocional apropiada, que es la que se sitúa entre dos extremos. El hombre que logra este aprendizaje puede así utilizar sus respuestas emocionales ante las situaciones que surgen en tanto que guías para arribar a la decisión correcta. De esta forma, se ubica a sí mismo “más cerca del punto medio, donde yace la virtud”, y en ese proceso se transforma en una persona “de carácter virtuoso” (Janko, 1987, p. xviii). La catarsis trágica como alivio emocional
 
 

Sin embargo, a pesar de las “ventajas abrumadoras” de las interpretaciones antes mencionadas, Lear observa que ninguna de las versiones de la “interpretación educativa” supera la prueba. El autor también rechaza la interpretación médica y las similares a esta. La propuesta propia de Lear para interpretar la catarsis trágica se centra en que Aristóteles tenía en mente el tipo especial de
Es esta experiencia de las emociones trágicas en un medio adecuadamente inadecuado lo que considero que ayuda a explicar la sensación de alivio que nos genera el teatro. En forma imaginaria vivimos la vida al máximo pero sin arriesgar nada. Así, el alivio no es
Sin embargo, Lear admite que la etiqueta de “catarsis” solamente aplicada al tipo de alivio al que se refiere no alcanza a representar una caracterización completa del contenido de la catarsis. Pero el autor sin embargo ofrece una descripción vaga del contenido completo del término. De hecho, solo se limita a mencionar brevemente ciertos “consuelos” inherentes a la concepción aristotélica de la tragedia y operativos en ella: la racionalidad del mundo de los acontecimientos trágicos, la plausibilidad de esos acontecimientos, y la presencia de cierto tipo de error (

alivio que experimenta el espectador cuando descarga sus emociones trágicas en un medio seguro, es decir, al tener la posibilidad de experimentar emocionalmente lo que significa atravesar las peores situaciones de la vida con la dignidad intacta: per se el de “liberar emociones contenidas”, sino el de “hacer reales” estas emociones en un medio seguro (Lear, 1992, p. 334). hamartia) que explica la caída en desgracia del héroe (Lear, 1992, p. 334–335). Retomaré la noción de hamartia y su posible papel en la resolución del enigma de la catarsis trágica en la última parte de esta sección. Interpretaciones estéticas, dramáticas y estructurales de la catarsis trágica
 
 

A diferencia de las interpretaciones que acabamos de presentar, para este grupo la noción de catarsis no se relaciona principalmente con la audiencia de una obra, sino con la obra poética en sí misma. En otras palabras, la catarsis trágica representa un tipo particular de ordenamiento del material desolador y terrible de una obra para adecuarse al objeto o a la forma de la obra (Goldstein, 1966, p. 574). Así, el placer que genera la obra es un placer
nuestra piedad” (Keesey, 1979, p. 200). Como observa Halliwell (1986/2000, p. 356), esto es muestra de que aun en la teoría de Else las consecuencias
 

estético (Goldstein, 1966, p. 574). El principal representante de esta línea interpretativa, catalogada por Halliwell como “dramática” o “estructural” en lugar de “estética”, es G.F. Else. Este autor considera la catarsis como un tipo de purificación del acto trágico, “al demostrar que su motivo no era miaron [es decir, moralmente repulsivo]” (Else 1957, p. 439). Además, este tipo de catarsis se obtiene “a través de la estructura completa del drama, pero, por sobre todo, con el reconocimiento” (p. 439). De esta manera, se hace evidente que es el reconocimiento (anagnôrêsis), en tanto que dispositivo estructural, “lo que hace posible que el héroe pruebe que realmente actuó di‟hamartian tina (en base a algún error) y que merezca [9] afectivas no pueden evitarse. Interpretaciones complejas u “holísticas” de la catarsis
 
 

A pesar de que Keesey se refiere la “ambigüedad fructífera” y la “naturaleza cambiante” de la palabra
A la segunda capa del estado de ánimo del espectador trágico corresponde la etapa
La tercera etapa del estado de ánimo del espectador trágico, y claramente la etapa a la que se atribuye mayor importancia en la concepción aristotélica de la tragedia, es la etapa
“La “catarsis” trágica era sin duda la “purga” o eliminación de afectos que no existían en el alma antes de la contemplación de la tragedia, y acontecía cuando la tensión emocional alcanzaba su acmé. Pero el impulso desencadenante del proceso catártico no llegaba al espectador “desde abajo” – quiero decir: desde sus vísceras y sus humores, aunque también a unas y otros afectase el estado trágico del ánimo-, sino “desde arriba”, desde la iluminación dianoética suscitada por el

removían y promovían pasiones; en cuanto expresivas de un destino terrible, amenazador y sorprendente, el buen compuesto clímax de estas palabras hacía máxima la tensión emocional; en cuanto determinan de un conocimiento esclarecedor, borraban del alma la confusión e incitaban la catarsis. No sólo en la filosofía; también en la tragedia es el

A la cuarta y última etapa a distinguir en el estado mental del espectador trágico Laín Entralgo la llama “el momento somático o medicinal de la catarsis trágica”. Una obra ejerce su impresión tanto en la mente y el alma del espectador como en su cabello y sus humores, en el sentido de que “el agente de la catarsis trágica” –es decir, la palabra- devuelve “la

catarsis en la definición aristotélica de la tragedia (Keesey 1979, p. 201–202), Laín Entralgo es el único académico que conocemos que ha presentado una interpretación compleja u holística de la catarsis trágica. El autor opera con una estructura de la catarsis trágica en cuatro capas o niveles, y en base a estas intenta distinguir cuatro etapas diferentes del estado mental del espectador de una tragedia. La primera de ellas es la capa y estado mental religioso-moral: “La interpretación de la kátharsis aristotélica debe partir de un hecho fundamental: el esencial carácter religioso de la tragedia griega, desde Tespis hasta las creaciones de los últimos trágicos” (Laín Entralgo 1958/2005, p. 192). Así, la situación trágica alrededor de la cual se organiza la obra enfrenta al espectador con un conflicto que no solo se presenta con decorado religioso, evocando en el espectador emociones y recuerdos religiosos; la situación también se origina en un conflicto básicamente religioso: el conflicto entre la fidelidad y la obediencia a los dioses, y la búsqueda y voluntad del héroe de su autodeterminación. “Y así,” sostiene Laín Entralgo, “no sólo en la emoción trágica del espectador –en su temor y en su compasión- hay un esencial momento religioso y moral; también lo hay en la catarsis de esas pasiones y en placer que necesariamente la acompaña. El desenlace funesto o afortunado de la tragedia reordena la existencia respecto de aquello que en la estructura de ésta es más central y decisivo, su relación con la divinidad” (Laín Entralgo 1958/2005, p. 216). dianoética o lógica, es decir, la que verbaliza el conocimiento del espectador de lo que está sucediendo en la obra y al mismo tiempo en sí mismo: “Mediante la anagnórisis [reconocimiento] el espectador aprende a expresar ordenada y satisfactoriamente lo que sucede en la escena y lo que sucede en su alma; pasa, pues, de la confusión indecible al saber decible” (Laín Entralgo 1958/2005, p. 217). patética o afectiva: logos del poema. En cuanto concernientes a las creencias del espectador, las palabras del poema trágico [10] logos superior al ethos y al pathos” (Laín Entralgo 1958/2005, p. 218). crasis [el preparado o composición] del espectador a un estado humoral y térmico más equilibrado y natural – por lo tanto, más sano y placentero – que el inmediatamente anterior al proceso catártico” (Laín Entralgo 1958/2005, p. 219). Así, se hace evidente que el tipo de limpieza o despeje que confiere la catarsis trágica genera orden y esclarecimiento, y así también placer, a la totalidad de nuestra naturaleza (Ibíd., p. 219). Y, pregunta el autor, este estado mental ordenado e iluminado producido por la catarsis trágica, ¿acaso no es exactamente lo que Sócrates trataba de engendrar en el alma del joven Cármides con su régimen moral, “… al que Platón quiso dar el nombre ya prestigioso de sophrosyne” (Ibíd., p. 220)? Catarsis trágica: naturaleza cambiante en un contexto falible
 
 

Antes de concluir la parte analítica de esta sección es necesario retomar dos observaciones realizadas en el análisis que expuse más arriba: la naturaleza cambiante y la ambigüedad fructífera de la “
En un artículo reciente he dado cuenta detalladamente de esta controversia y he intentado mostrar cómo la gran variedad de interpretaciones del párrafo sobre
circunstancias particulares”, hasta las formas de fracaso moral en el sentido completo del término, tales como “el error moral”, “el defecto moral”, “la imperfección moral”, “la debilidad moral”, “el defecto de carácter” y “la culpa trágica”) reflejan la variedad de tramas y obras trágicas que Aristóteles tenía a su disposición (Solbakk, 2004, pp. 105–112)

catarsis trágica”, y el papel que tiene hamartia en el desarrollo de los conflictos y situaciones trágicas. Propongo mirar más detenidamente la idea subyacente a la noción de hamartia presente en la Poética 53a13-179 para determinar en qué medida puede ayudarnos a comprender el sentido de la naturaleza cambiante y la ambigüedad de la catarsis trágica, así como también la heterogeneidad de interpretaciones existentes. En el párrafo de la Poética dedicado a la noción de hamartia se insiste en que en una tragedia “de calidad superior” (se menciona el ejemplo de la obra de Sófocles, Edipo Rey), la caída en desgracia del agente trágico no es consecuencias de la maldad, sino que se debe a que el agente mismo cometió una gran hamartia. Desde que Aristóteles escribiera estas líneas el significado de hamartia en relación a la tragedia griega10 se ha visto envuelto en una controversia de una magnitud solo comparable con la generada por el párrafo acerca de la catarsis en Poética 49b23-31. hamartia (desde las formas de falibilidad puramente epistemológicas, como el “error de hecho”, “la ignorancia del hecho”, “el error de juicio”, “el error basado en un conocimiento inadecuado de las [11] 11. Considero que esto es un indicador de que el mismo Aristóteles confería a hamartia un significado y aplicación amplios, de manera que su concepción de la tragedia tenía la capacidad de cubrir la variedad de tramas y obras individuales de que el filósofo disponía. Este punto de vista se sostiene en la frase, en Poética 13, que aparece justo antes del párrafo dedicado a hamartia (53a10), donde se afirma explícitamente que lo que Aristóteles tiene en mente no es una forma específica de hamartia sino “algún tipo de hamartia” (hamartian tina)12. Creo que podemos utilizar estas observaciones acerca del significado amplio y la aplicación variable de hamartia para comprender la ambigüedad y la naturaleza cambiante de la “catarsis trágica”, y la heterogeneidad de sus interpretaciones. Propongo realizar la siguiente inferencia: si es verdad que Aristóteles intenta adecuar su concepción de la tragedia a la variedad de tramas y de obras trágicas que tenía a su disposición (una posibilidad firme sugerida por el análisis del párrafo sobre hamartia), entonces parece deducirse que al fragmento dedicado a la catarsis debería atribuírsele a su vez la misma amplitud y variabilidad de significado y de aplicabilidad. En otras palabras, en la medida en que el significado de hamartia difiere enormemente entre una y otra obra, también debe diferir del tipo de catarsis trágica evocada en cada obra. El potencial didáctico de la catarsis trágica
 
 

Ya estamos en condiciones de evaluar si las consecuencias didácticas de la concepción platónica de tratamiento catártico y de curación holística, que fueron investigadas en un artículo anterior, pueden ser ampliadas a través de la hermenéutica de la noción aristotélica de catarsis trágica. Las implicancias didácticas que se derivaban del régimen catártico de Platón eran que el proceso de aprendizaje moral no se circunscribe a la limpieza o al despeje de las partes
profesores de ética médica centran su atención fundamentalmente en cuestiones
Sin embargo, con esto no niego la importancia instrumental de las formas de análisis y clarificación en las que se centran los profesores. Lo que creo es que los estudiantes de ética médica se beneficiarían aun más de sus cursos si los docentes comenzaran a prestar una atención mayor y más sistemática al rol catártico de la piedad y el miedo en el proceso de aprendizaje. En esta instancia la noción aristotélica de catarsis demuestra ser particularmente útil, ya que nos ofrece una vía para trabajar didácticamente estas emociones y su relación con los aspectos más sensibles y tal vez más frágiles de nuestra constitución y capacidad moral. Es decir que, al exponer a los estudiantes de medicina a historias trágicas de enfermedad (narraciones o representaciones de situaciones médicas con un componente de piedad y de temor), estos aprenden a experimentar, en un medio seguro, lo que significa atravesar situaciones de toma de decisión sujetas a una limitación

racionales del alma, sino que compromete a la totalidad del alma, es decir, tanto sus partes racionales como sus apetitos, creencias, emociones y deseos. Luego de poner al descubierto la amplitud y la variabilidad del significado y aplicabilidad de la concepción de catarsis trágica nos es posible formular una respuesta más diferenciada y más sutil a la pregunta acerca de qué es lo que los estudiantes de medicina realmente experimentan y aprenden en sus cursos de ética médica. En primer lugar, esto allana el camino para una concepción psicosomática del esclarecimiento y el aprendizaje moral: así como las obras trágicas afectan tanto la mente y el alma del espectador como sus cabellos y humores, también en la toma de decisión en medicina las situaciones trágicas tienen el potencial de involucrar a los estudiantes en su totalidad psicosomática en el marco de la situación de aprendizaje. Como observa Flashar, en el relato aristotélico de las emociones trágicas característicamente se las presenta acompañadas de un conjunto de síntomas somáticos: a la piedad con el llanto y las lágrimas, y al temor o terror con escalofríos, temblores, temblequeo del corazón y erizamiento del cabello. En la introducción de este artículo sostuve que los [12] instrumentales, es decir, en aclaraciones y purificaciones conceptuales, análisis metodológicos de casos de estudio y estrategias, y teorías racionales para la resolución de dilemas morales. Así, se descuida el papel catártico que la piedad, el miedo y otras emociones dolorosas (como la ira y la vergüenza) pueden asumir en el proceso del discurso y aprendizaje moral. doble: la necesidad de tomar una decisión, y la imposibilidad de que esta no se contamine con algún tipo de error o culpa (hamartia). De esta forma, los estudiantes aprenden también a reconocer que esa es la naturaleza propia de las elecciones trágicas: una vez tomada la decisión, la ambigüedad y la oscuridad moral persisten (Østerud, 1976, pp. 75–76). Finalmente, al someterse al tratamiento de la catarsis y esclarecimiento trágico, los estudiantes también logran reconocer los límites de su competencia y capacidad moral y la de sus profesores. Es de esperar que del proceso también emerja un elemento de modestia y de sabiduría ética. La creación y la
 
 

paideia-gogía de las historias trágicas de enfermedad Luego de descubrir la amplitud y variabilidad de las nociones aristotélicas de
representación de acontecimientos que pueden haber ocurrido, porque esto nos indica que en una tragedia no todo es inventado. Pero aun más importante es la explicación de Aristóteles sobre el uso que hacen los poetas del material histórico. Para lograr que un relato trágico sea fidedigno es necesario que sea
Propongo analizar más detenidamente la siguiente historia de enfermedad, que fue publicada en el periódico inglés
Ciaran nació con solo 25 semanas de gestación. Desde el momento mismo del nacimiento sus padres, Chris Kane y Charlotte Lamb, pasaron todo su tiempo en el hospital. No se alejaron en ningún momento de la cuna del bebé, tratando de hacer crecer a su hijo con amor, ya que el pequeño no podía metabolizar la leche. Tres meses más tarde, a Chris y a Charlotte se les pidió que tomaran la decisión más difícil de sus vidas. Los especialistas a cargo de Ciaran sugerían retirar al niño de los cuidados intensivos y quitarle el respirador artificial. Ya dos veces Ciaran había estado en estado crítico, y dos veces lo había superado. Sus padres tenían la esperanza de que esto volviera a suceder. Pero, ¿y si no lo superaba? Al amanecer, Chris caminaba por los pasillos vacíos del hospital. Charlotte tenía la mirada fija en la pared de su pequeña habitación. Ambos deseaban que Ciaran desafiara a los médicos y que comenzara a mejorar…

En la medida en que el estado de Ciaran lentamente empeoraba, el Dr. Wilf Kelsal, especialista que esa semana estaba a cargo del servicio de neonatología en Addenbrookes, convocó una reunión con la familia para explicar la gravedad del estado de Ciaran. “Se llega a un punto donde se intentó todo y ninguna droga, ningún procedimiento logran mejorar la salud del bebé”, dijo el médico, “por el contrario, se está deteriorando. Esto es un golpe duro para los padres. Y para nosotros significa un gran revés, tener que cambiar el curso del tratamiento luego de semanas y semanas luchando por mantener al bebé con vida”…

El Dr. Kelsall representa todo lo que uno espera de un neonatólogo: es intensamente humano y tiene una alegre capacidad para reírse de sí mismo. Con una experiencia de casi veinte años en pediatría, es el primero en admitir que las habilidades técnicas de su profesión pueden generar dilemas incómodos. “Puede que realicemos las más heroicas intervenciones, o que logremos mantener con vida al bebé [14]

más pequeño y más enfermo, pero por lejos la parte más difícil de nuestro trabajo es saber cuándo suspender el tratamiento, cuándo debemos ayudar a los padres a aceptar que continuar cualquier tratamiento ya es inútil. A veces para nosotros, como profesionales, sería más fácil seguir adelante con el tratamiento, sin importar el costo que tiene para el bebé y para la familia”…

A pesar de haber participado en varias ocasiones en este tipo de conversaciones, el Dr. Kelsall admite que siempre son difíciles. “A veces empezamos la ronda de servicio con una enorme tristeza porque sabemos que tenemos un bebé enfermo que posiblemente no va a mejorar. Al final de una semana soportando una situación así uno se siente destruido”.

El consuelo de Chris y Charlotte es saber que tomaron la decisión movidos por un intenso amor de padres. Como dice Chris: “No es fácil de entender. Lo amábamos tanto que no lo queríamos perder –pero también lo amábamos demasiado como para alargar su sufrimiento. Hicimos lo que pensamos que era lo mejor para él”.

Se trata sin dudas de una historia triste acerca de la inútil lucha de un pequeño bebé para mantenerse con vida. Al mismo tiempo es una narración trágica de lo que sucede a nivel emocional cuando una pareja de padres amorosos y un médico compasivo se enfrentan con los límites tecnológicos y morales de la medicina neonatal. En tercer lugar, es un relato conmovedor de lo que sucedió realmente con el niño prematuro, con los médicos y los padres luego de que se tomara la decisión de suspender el tratamiento: muerte del bebé, alivio y auto consuelo para los padres y los médicos. Sin embargo, y a pesar de estos elementos, esta historia

Para transformar una historia de la vida real en un relato trágico de enfermedad, el profesor de ética debería introducir algunos cambios sobre la base de la caracterización aristotélica de la tragedia. A partir de aquí me dedicaré a explorar las posibilidades de una adaptación de este tipo.

En primer lugar debemos considerar los requerimientos de un carácter trágico y la posibilidad de reelaborar el carácter de alguno de los personajes de la historia arriba citada para que se adecue a los requisitos aristotélicos. Luego, en el contexto de esta reconfiguración, se recurrirá a la discusión aristotélica acerca del mejor tipo de acciones, acontecimientos o incidentes trágicos. Finalmente, aplicaremos a la historia del pequeño Ciaran las sugerencias de Aristóteles sobre aquello que califica como destino trágico.

De acuerdo a la concepción aristotélica del héroe trágico, son cuatro los aspectos que el compositor debe lograr:

 los personajes deben ser

 deben ser

 deben ser

[15]

 deben ser

Al intentar aplicar estos requisitos a la historia del pequeño Ciaran también podemos sacar provecho de la sugerencia que realiza Aristóteles en la

Luego de elegir al médico como personaje principal, alrededor de quien articularemos la historia trágica de enfermedad, debemos ahora determinar cuáles son las acciones, acontecimientos o incidentes de la historia real que nos servirán de base o patrón sobre el cual inventar el incidente trágico. Aristóteles (

 situaciones donde el personaje actúa

 incidentes donde el personaje va a actuar

 situaciones donde el personaje actúa, pero lo hace

 incidentes donde el personaje va a actuar

De entre estos cuatro tipos posibles de situaciones o incidentes, Aristóteles afirma que las últimas dos, que involucran la ignorancia, son las mejores opciones: la cuarta es la mejor de todas, y la segunda es la peor (

control. Se administró el tratamiento y, para alivio de nuestro agente, el niño pareció superar la crisis nuevamente. Aun mayor fue su alivio cuando poco después encontró su manual y comprobó que había administrado la dosis correcta de la droga en cuestión.

Sin embargo, veinte minutos más tarde, el estado de Ciaran nuevamente comenzó a empeorar. Al principio no se lograba determinar la posible causa de la recaída. Pero luego nuestro agente, horrorizado, descubrió que la ofuscación inmediata de su atención, generada por la pérdida de su manual, lo había hecho pasar por alto la dislocación del tubo endotraqueal de Ciaran. La causa probable del deterioro del niño era el daño irreversible en el cerebro causado por una oxigenación inadecuada. Nuestro agente consultó al resto del equipo sin revelar sus errores, y decidió convocar una reunión con su familia.

Para continuar con la reescritura de la historia real, intentaré ahora aplicar a la situación de nuestro agente las características aristotélicas del “destino trágico”. Según Aristóteles (

 una persona virtuosa que sufre el cambio de una situación afortunada a una desafortunada. Esta situación es solo escandalosa;

 una persona malvada que pasa de una situación desafortunada a una afortunada. Según Aristóteles, el menos trágico de todos los cambios;

 un perfecto villano que pasa de una situación afortunada a una desafortunada. “Una composición semejante”, afirma Aristóteles, “despierta sentimientos humanitarios, mas no comportará compasión ni temor” (

La situación que queda, entonces, es aquella donde una persona que no es más virtuosa que nosotros y que posee buena reputación cae en desgracia, pero no a causa del vicio o la maldad, sino por alguna forma de

Si queremos caracterizar el tipo de

el equipo hubieran prestado más atención en la situación real del tratamiento, de manera tal de no pasar por alto la dislocación del tubo endotraqueal. Hay buenas razones para creer que la situación para él, para el equipo y para el mismo niño habría sido vitalmente diferente si nuestro agente hubiera actuado de otra manera en el momento que descubrió la primera instancia de

Para concluir la adaptación de nuestra historia e ilustrar la función y el rol de la catarsis trágica, ahora nos centraremos en la reunión que nuestro agente decide mantener con su equipo y con los padres de Ciaran para explicar la situación. ¿Cómo debería comportarse y qué debería decir para que esta adaptación de la historia se adecue a los requisitos de una historia

Sé que no hay nada que pueda hacer para ayudar a Ciaran, ni nada que pueda decir para consolar su dolor. Por la pena y el dolor que me causó la muerte de otro niño, y mi consecuente olvido, desconcentré mi atención en el cuidado de Ciaran. Por vergüenza y orgullo intenté ocultar a mis colegas el olvido. De mi silencio surgió el error que creo que finalmente fue el causante del deterioro de Ciaran. Lo siento, lo siento tanto.

Para los colegas del médico y para los padres del niño, y especialmente para el médico mismo, es muy importante que finalmente demuestre la valentía emocional y moral necesaria para admitir abiertamente su falibilidad. Esto, porque las partes involucradas tienen la posibilidad de reconocer la verdadera dimensión del incidente y de reaccionar ante este no solamente como médicos compasivos o padres afligidos, sino como víctimas en una historia trágica de enfermedad. Así, se hace evidente que a pesar de que puedan suscitarse formas y situaciones

hamartia y de catarsis trágica, podemos ahora dar cuenta de los tipos de narrativas sobre la toma de una decisión en medicina que podrían catalogarse como „istorias trágicas de enfermedad‟en forma más sistemática y diferenciada. Propongo llevar a cabo esta tarea sobre la base de la diferenciación entre la tragedia y la historia que Aristóteles presenta en Poética 51a37-b33. La primera característica que los distingue es que la historia narra situaciones que han sucedido, mientras que la tragedia se relaciona con acontecimientos que pueden suceder. Por esta razón la poesía, especialmente la poesía trágica, es más filosófica que la historia: habla de universales, mientras que la historia habla de particulares. “Lo universal”, afirma Aristóteles, “consiste en que a determinado tipo de hombre corresponde decir o realizar determinada clase de cosas según la verosimilitud o la necesidad. Tal es la meta a que aspira toda poesía, aunque imponga nombres a sus personajes. Lo particular, en cambio, consiste en narrar lo que hizo o lo que le ocurrió a Alcibíades” (Poética 51b8-12). Es importante la observación acerca del uso de nombres históricos en las tragedias y la consecuente [13] posible, y aquello que ya sucedió, dice Aristóteles, obviamente es posible. Así, el poeta usa situaciones, nombres o hechos que realmente existieron o sucedieron como patrón a partir del cual le da forma a la trama trágica, y tiene la libertad de “inventar” todo aquello que podría haber sucedido (Poética 53b23-27). De este modo, de la reconfiguración creativa de lo histórico y particular, emergen relatos que no son ni imaginarios ni experimentos mentales absurdos: se trata de narraciones posibles, y con relevancia y valor de tipo universal13. The Guardian el 16 de junio de 2004, con el objeto de ilustrar la relevancia que esta distinción entre historia y tragedia (junto con los criterios utilizados para hacer una distinción tal) tiene para la medicina: no califica como una historia trágica de enfermedad. buenos, en el sentido de que no deben ser ni moralmente superiores ni inferiores a nosotros; en segundo lugar, adecuados; en tercer lugar, semejantes a la realidad; en último lugar, pero no por ello el menos importante, coherentes (Poética 54a16-30). Poética, un poco más arriba, de que el héroe trágico debería poseer buena reputación y gran fortuna (Poética 53a11-12). Una relectura de la historia hace evidente que la descripción del médico especialista a cargo de Ciaran cumple prolijamente con las cuatro características. Además, es presentado como un personaje con una larga y excelente reputación profesional. Poética 53b14-38) presenta cuatro tipos posibles de acciones o incidentes que nos pueden generar miedo o terror y piedad, y que por esa razón califican como acciones o incidentes trágicos: con plena conciencia, como sucede cuando Medea asesina a sus hijos, en la obra homónima de Eurípides; con plena conciencia, pero luego se abstiene; con ignorancia, y sólo después cae en la cuenta de lo acontecido, como sucede en el Edipo Rey de Sófocles; con ignorancia, pero luego cae en la cuenta de esto y se abstiene. Poética 53b39-1454a9). A continuación propongo una adaptación de los incidentes que conocemos para adecuarlos a las características de la tercera forma de acción trágica, es decir, una acción realizada con ignorancia, seguida del posterior reconocimiento de sus efectos fatales. Una forma de reescribir la historia sería centrar la atención en la segunda ocasión en que el estado del pequeño Ciaran decayó. Como los síntomas apenas diferían de la primera recaída del niño, el médico (nuestro agente trágico) decidió aplicar el mismo tratamiento. Lo único que debía modificar era la dosis de una de las drogas empleadas. Sin embargo, el médico debía controlar cuál era el nivel apropiado de la dosis. Desafortunadamente, por la profunda pena y consternación causada por la muerte súbita e inesperada de otro niño unas pocas horas antes, el médico no lograba encontrar el manual de tratamiento que utilizaba para tomar notas con las especificaciones de las dosis a aplicarse en caso de tratamientos que excedían los procedimientos normales. Dado el estado crítico de Ciaran, no había tiempo para intentar encontrar el manual. Era necesario realizar una intervención en forma inmediata. Así, nuestro agente se encontraba bajo una doble limitación: no tenía tiempo para buscar el manual con sus notas, pero tampoco podía evitar tratar de salvar la vida del niño. La vergüenza que sentía por la pérdida del manual lo motivó a ocultar el incidente del resto del equipo y a fingir que tenía la situación totalmente bajo [16] Poética 52b32-53a17) ninguna de las tres situaciones que presentamos a continuación califica como un acontecimiento aterrorizador o desolador: Poética XIII. 1453a3-5). hamartia. hamartia cometido por nuestro agente, es importante primero determinar que el origen de la cadena causal que lo lleva a pasar por alto la dislocación que mencionamos, es que se sentía destrozado por la muerte súbita e inesperada de otro niño unas pocas horas antes del incidente de Ciaran. Así, en cierta forma, desde el principio había en este incidente un elemento de piedad, angustia y aflicción. Asimismo, aparentemente esta fue la experiencia que hizo que nuestro agente cayera víctima del primer tipo de hamartia, la pérdida del manual. Sugiero etiquetar este tipo de fracaso como epistemológico, a pesar de que, como lo notáramos, su origen parece ser emocional. Por otra parte, su segundo fracaso (el hecho de no haber informado al resto del equipo sobre la ausencia del manual, motivado por su vergüenza y orgullo) es claramente un fracaso moral. ¿Qué sucede entonces con su tercer fracaso, el que se relaciona directamente con el deterioro del estado de Ciaran? ¿Se trató de un fracaso epistemológico o moral? ¿O acaso fue un fracaso compuesto, debido a formas de hamartia tanto emocionales y epistemológicas como morales? Supongamos que nuestro agente hubiera tenido el valor de actuar de forma diferente desde el principio, y que en lugar de ocultar la verdad, hubiera informado a sus colegas acerca de la falta del manual. Supongamos también que, al revelar este secreto, tanto él como [17] hamartia. trágica de enfermedad? Propongo aquí una forma de comunicar la mala noticia que según creo se ajusta a los requisitos aristotélicos. Nuestro personaje debería comenzar por informar acerca del delicado estado de salud de Ciaran y su sombrío pronóstico. Luego, debería participarlos de las discusiones que han tenido lugar entre los especialistas respecto de la posibilidad de retirar al niño de los cuidados intensivos y de quitarle el respirador artificial. Pero lo más importante es que el médico ya no debe intentar aliviar su propio sufrimiento emocional con formas racionales de auto decepción (ocultando información, fingiendo que tiene la situación bajo control) o alegando ser una víctima inocente de la desgracia (la pérdida del manual por causa de la aflicción emocional que sufría). En cambio, debe demostrar su coraje moral y pedir disculpas a sus colegas por su comportamiento. En tercer lugar, debe comunicar a los padres directamente su profunda pena al descubrir que el deterioro en la salud de su hijo probablemente se generó como consecuencia de una cadena de errores cometidos mayormente por él: evitables de hamartia médica, es el culpable el que posee el poder moral de curar algunas de las heridas emocionales y morales causadas por su falibilidad. De esta forma se ha demostrado el tipo particular de efecto catártico que es capaz de transmitir una historia trágica de enfermedad. En palabras de Kitto, “la catarsis que buscamos es el esclarecimiento máximo que transforma una historia dolorosa es una experiencia profunda y conmovedora” (Kitto, 1939/1995, p. 142). [18] Notas
 
 

1
Todas las traducciones de la
 

Poética son de Alsina Clota, 2000. 2
Para una caracterización más exhaustiva de la noción de lo „rágico‟en relación a los conflictos morales en contextos médicos, ver Solbakk, 2004, pp. 105–112.
 

3
Aristóteles,
 

Poética 49b23-31. La mayoría de los presentes estaba conmovido por la confesión que el médico hacía entre lágrimas. Al finalizar la reunión, los padres de Ciaran se acercaron al culpable y lo abrazaron, y los tres se echaron a llorar. Dos días más tarde los padres dijeron a las autoridades del hospital: “Sabemos que no puede deshacer lo que hizo con Ciaran. Estamos de acuerdo en que cometió varios errores. Y sin embargo, lo perdonamos”
Un año más tarde la corte declaró culpable al especialista por su participación en el deterioro que llevó a la muerte prematura de Ciaran, y le suspendió la matrícula médica por seis meses.
14.

A modo de conclusión
 
 

En este artículo hemos investigado la concepción aristotélica de
 
 

catarsis, con el objeto de demostrar que la “catarsis trágica” puede utilizarse para echar luz sobre los desafíos didácticos específicos que surgen cuando se entrena a los estudiantes de medicina a tratar moralmente con las situaciones complejas o trágicas que pueden generarse cuando se toma una decisión médica. Un segundo objetivo ha sido mostrar que los criterios que aplica Aristóteles para distinguir entre historia y tragedia pueden utilizarse para transformar historias reales de enfermedad en historias trágicas de enfermedad. Asimismo, se ha probado el potencial didáctico de esa transformación. Además de ofrecer material para abordar estas preguntas, se espera que el análisis haya logrado mostrar por qué las historias trágicas de enfermedad deben considerarse como los únicos verdaderos doctores de moralidad. Finalmente, a través de la hermenéutica de la concepción aristotélica de la catarsis trágica se han fortalecido las posibilidades de desarrollar una concepción terapéutica de la ética médica, posibilidades que fueron demostradas en nuestro artículo anterior. Agradecimientos
 
 

Este artículo ha recibido una gran cantidad de consejos y sugerencias de parte de Ronald Polansky, Anastasia Maravela-Solbakk, Petter Andreas Steen, Ola Didrik Saugstad y de colegas de la Sección de Ética Médica de la Universidad de Oslo. [19]
 
 

4
Si ciertas personas son afectadas o influidas de una manera tan viva y tan profunda, en realidad les sucede lo mismo a todos los hombres; la diferencia se reduce a la mayor o menor intensidad, pero en el fondo viene a ser lo mismo. Por ejemplo: el temor, la piedad y también el entusiasmo, no son en todos igualmente hondos, pues hay individuos más propensos que otros a estos movimientos del espíritu, como son los que vemos sumidos en la calma y el recogimiento al influjo de una melodía sagrada cuando acaban de escuchar una música que les ha agitado el alma, como si hubieran encontrado el remedio que podía purificarla.
Los hombres dispuestos a la piedad, al temor y, en general, a las pasiones vivas, naturalmente experimentarán el mismo efecto; y los demás también, en más o en menos, según la organización particular de cada uno con respecto a las pasiones; todos deben sentir una especie de alivio y de purificación, acompañados por un sentimiento de placer. Así es como los cantos que purifican las pasiones procuran a los humanos una alegría inocente y pura, razón por la cual con tales cantos y tales armonías influyen en el alma de sus oyentes los artistas que ejecutan la música de teatro”.
Aristóteles, Política VIII 7.1341-1342a18 (citado de Aristóteles 1932 (trad. N. Estevánez), p. 227): “Por lo demás, aceptando la división ofrecida por algunos filósofos, en cantos morales, prácticos, propios para excitar el entusiasmo, y una armonía en particular para cada uno de ellos, de modo que cada parte admita naturalmente un género especial de armonía, diremos que el empleo de la música no se limita a un solo género de utilidad, sino que tiene o debe tener varios. En efecto, puede servir para la instrucción, para la purificación (explicaremos con más claridad en nuestra

Poética lo que entendemos por purificación, término empleado aquí de una manera general); y en tercer lugar para el divertimento, como descanso y medio de distracción después de una labor sostenida. Resulta evidentemente que debe usarse de todas las especies de armonía, pero no de igual manera en todos los casos. Al contrario, es preciso dedicar los cantos más morales a la instrucción, pero contentarse con oír los que hemos llamado prácticos y los que sirven para fomentar el entusiasmo, cuando son ejecutados por otros en los instrumentos. 5
Pueden encontrarse otras críticas a la interpretación médica de la catarsis trágica en Janko 1987, p. xvi–xvii y Halliwell 1986/2000, p. 353–354.
 

6
Sobre el uso de la catarsis para describir la secreción menstrual, Lear hace referencia a la
 

Generación de los animales I. 20, 728b3, 14; IV. 5,773b1; IV. 6,775b5; la Historia de los animales VI. 18,573a2, a7; VI. 28,578b18; VII. 2, 582b7; 30; VII. 4,5848a8; VIII. 11, 587b2, b30-33, 588a1; para la secreción seminal, a la Generación de los animales II. 7, 747a19; para la de orina, la Historia de los animales VI. 18,573a23; y para las secreciones en el parto, la Historia de los animales VI. 20, 574b4. 7
Sobre Golden ver también: Golden, 1962, 51–60; Golden y Hardison, 1968; 1969, 145–153; 1973b, 473–479; 1976a, 21–33 and 1976b, 75–85. Puede encontrarse una línea similar de interpretación en Nicev, 1982.
 

8
Aquí citamos en inglés de Bernays 1857/1979, p. 155. La cita original en alemán es la siguiente (Lessing, 1767–8/1978, p. 380): “Da nämlich, es kurz su sagen, diese Reinigung in nichts anders beruhet als in der Verwandlung der Leidenschaften in tugendhafte Fertigkeiten, bei jeder Tugend aber, nach unserm Philosophen, sich diesseits und jenseits ein Extremum findet, zwischen welchem sie innestehet, so muss die Tragödie, wenn sie unser Mitleid in Tugend verwandeln soll, uns vomn beiden Extremis des Mitleids zu reiningen vermögend sein; welches auch von der furcht zu verstehen”.
 

9
Aristóteles,
 

Poética 53a13-17: “Es preciso, pues, que la trama bien construida sea simple, y no compleja como afirman algunos, y que el paso no sea de la desdicha a la felicidad, sino, al contrario, de la felicidad a la desdicha, y ello no como resultado de alguna perversión, sino a causa de un gran error [hamartia], ya se trate de un héroe como el que hemos mencionado, ya de uno mejor aun, preferentemente a uno que sea peor”. 10
Con “tragedia griega” nos referimos a las 33 obras de teatro trágico de la antigüedad griega que se han logrado preservar. De Esquilo (525/4-465/5 AC) han sobrevivido 7 obras:
 

Las Suplicantes, Los Persas, Los Siete contra Tebas, Prometeo Encadenado, Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides. De Sófocles (495-406 AC) nos han llegado otras 7 obras: Áyax, Antígona, Edipo Rey, Las Traquinias, Electra, Filoctetes y Edipo en Colono; finalmente, de Eurípides (480-407 AC) se han preservado 18 obras: Alcestis, Medea, Hipólito, Los Heráclidas, Andrómaca, Hécuba, Heracles, Suplicantes, Ion, Troyanas, Electra, Ifigenia entre los Tauros, [20] Helena
,
 

Fenicias, Orestes, Las Bacantes, Ifigenia en Áulide y Reso. Hay evidencias de la existencia de algunos otros poetas trágicos en el mismo período, pero solo han sobrevivido fragmentos de su trabajo. 11
Hay buenas razones para creer que Aristóteles conocía una cantidad mucho mayor de tragedias que las 33 que hoy conocemos. Ver Easterling y Kenney, 1985, pp. 258–345.
 

12
Debo esta observación sobre la frase en
 

Poética 13 a Halliwell (1986/2000, p. 221: “…l hecho de que no se piensa a la hamartia del capítulo 13 como atada a un tipo específico de falta o error es fuertemente sugerido por la frase „algún tipo de hamartia‟(hamartian tina), en 53a10″). Para sostener su interpretación amplia de hamartia Halliwell (ibíd., p. 221) se apoya también en la Ética a Nicómaco II. 6. 1106b, donde Aristóteles afirma que hay muchas formas de fracasar que generan resultados desafortunados. 13
Para una evaluación crítica del uso y abuso de historias imaginarias y experimentos mentales en la literatura de ética médica ver Solbakk, 2005.
 

14
Estas dos últimas partes de nuestra adaptación están basadas en una historia real de falibilidad médica, relatada por S. Pook en el periódico
 

Daily Telegraph el 12 de abril de 2002. REFERENCIAS
 
 

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